Ellos nos conducen

Ellos nos conducen
El Libertador y el Restaurador

viernes, 30 de marzo de 2012

MARZO 2012

EL LUCERO
Pensamiento Nacional

Juan Manuel de Rosas: Orden y Constitución

Juan Manuel de Rosas ha contribuido como nadie a la ardua tarea que implica dar constitución a una nación en una época muy difícil para la Argentina. Constitución en su acepción mas amplia, de la que el texto constitucional considerado en si mismo (concepto jurídico-político) es la etapa final; el diccionario la define como “esencia y calidades de una cosa que la constituyen y la diferencian de las demás”. Esa “esencia” y “calidades” era la que carecía la Argentina en sus primeras décadas, lo que explica mejor que nada los fracasos de las constituciones de 1819 y 1826; si sólo el “cuardenito”, al decir de Don Juan Manuel, solucionaba todo como lo sostenían sus detractores, entonces ¿Por qué el país siguió desangrándose ya existiendo dichas constituciones? ¿Cómo explicarían que justamente luego de su sanción se encarnizaran las luchas fraticidas y se alteraran aún mas los ánimos?
Al “cuadernito” de 1819, le siguió la batalla de Cepeda (1° de febrero de 1820) lo que daría inicio a mas de cuarenta años de luchas entre unitarios y federales. La de 1826 con Rivadavia como presidente sólo empeoró la situación signando a la misma con la vergonzosa “paz”con el derrotado Imperio del Brasil y el corrupto empréstito con la Baring Bros.
Todo eso sucedió porque faltaban “hábitos de orden”, además que gran parte del desquicio de los pueblos del interior fue causado, a designio en muchos casos, en otros por incapacidad, por los gobiernos porteños primero (Directorio) y los unitarios después, cuyos objetivos eran: * Provocar la mayor disgregación posible de la otrora potencia geopolítica “Virreynato del Rio de la Plata” en republiquetas; * Destruir las economías regionales a través de la importación de productos manufacturados (especialmente de origen inglés) que competían con nuestra producción artesanal; * Ejercer la primera magistratura de la República en la forma mas insolente, despótica e imprudente posible para quebrar la paz social profundizando las divisiones y facciones (Lavalle); * Desnacionalizar culturalmente al pueblo imponiendo como “civilizadas” las costumbres extranjeras por el sólo hecho de serlo (Sarmiento); * Calificar como “lucha contra la tiranía” lo que era traición a la Patria.
Esas acciones fueron las que impedían la constitución de la Nación Argentina, pues se restañan las heridas con Justicia y los discordias con Paz (tranquilidad del orden) no con un texto.
Esas impiedades fueron combatidas por Don Juan Manuel de Rosas, porque “su política había quitado los recelos del interior contra el puerto, el gran factor de la dispersión platina; de allí que estableciera la Confederación de provincias iguales en derecho por el Pacto Federal de 1831 y cerrase la entrada a Buenos Aires de mercaderías y producciones extranjeras que podían elaborarse en el interior (Ley de Aduana de 1835)….Buscaba la Federación del Plata, pero de la misma manera que hizo la federación argentina: sin prepotencia, sin avasallamiento, por propia y decidida voluntad de los escindidos. Que es la sola manera de reconstruir una nacionalidad argentina” (“La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”, José María Rosa – A. Peña Lillo Editor S.R.L. -- Buenos Aires 1974). Cuanta diferencia con los unitarios cuando sostenían “haremos la unidad a palos”.
Rosas defendía su postura de no dictar una constitución escrita en una carta a Facundo Quiroga: “……¿Y puede nadie concebir que en el estado triste y lamentable en que se halla nuestro país pueda allanarse tanta dificultad, ni llegarse al fin de una empresa tan grande, tan ardua, y que en tiempos los más tranquilos y felices, contando con los hombres de más capacidad, prudencia v patriotismo, apenas podría realizarse en dos años de asiduo trabajo? ¿Puede nadie que sepa lo que es el sistema federativo, persuadirse que la creación de un gobierno general bajo esta forma atajará las disensiones domésticas de los pueblos? Esta persuasión o triste creencia en algunos hombres de buena fe es la que da ansia a otros pérfidos y alevosos que no la tienen o que están alborotando los pueblos con el grito de Constitución, para que jamás haya paz, ni tranquilidad, porque en el desorden es en lo que únicamente encuentran su modo de vivir. El Gobierno general en una República Federativa no une los pueblos federados, los representa unidos: no es para unirlos, es para representarlos en unión ante las demás naciones: él no se ocupa de lo que pasa interiormente en ninguno de los Estados, ni decide las contiendas que se suscitan entre sí. En el primer caso sólo entienden las autoridades particulares del Estado, y en el segundo la misma Constitución tiene provisto el modo cómo se ha de formar el tribunal que debe decidir. En una palabra, la unión y tranquilidad crea el Gobierno general, la desunión lo destruye; él es la consecuencia, el efecto de la unión, no es la causa, y si es sensible su falta, es mucho mayor su caída, porque nunca sucede ésta sino convirtiendo en escombros toda la República. No habiendo, pues, hasta ahora entre nosotros, como no hay, unión y tranquilidad, menos mal es que no exista, que sufrir los estragos de su disolución. ¿No vemos todas las dificultades invencibles que toca cada Provincia en particular para darse constitución? Y si no es posible vencer estas solas dificultades, ¿será posible vencer no sólo éstas sino las que presenta la discordia de unas provincias con otras, discordia que se mantiene como acallada y dormida mientras que cada una se ocupa de sí sola, pero que aparece al instante como una tormenta general que resuena por todas partes con rayos y centellas, desde que se llama a Congreso general? (Fragmento carta de Juan Manuel de Rosas a Facundo Quiroga – Hacienda de Figueroa en San Antonio, de Diciembre 20 de 1834).
La Argentina le debe al Restaurador Gral. Don Juan Manuel de Rosas eterna gratitud, pues si no hubiera sido por él nuestro país no existiría, ahora serían cinco colonias o protectorados. Pero cabe destacar, que la amenaza sobre la tierra argentina sigue, todavía está la garra presta al despojo, al ultraje final, tenemos con que defendernos, tenemos el ejemplo de la abnegada tarea que realizó Don Juan Manuel al servicio de la Patria, de semejante trascendencia como para que el Libertador Gral. San Martín le legara su sable, las difamaciones a su memoria se han desvanecido por falsas y por ingratas y sólo queda la magnificencia de sus virtudes, así es, Juan Manuel de Rosas nos enseñó a ser argentinos.

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