Ellos nos conducen

Ellos nos conducen
El Libertador y el Restaurador

viernes, 1 de junio de 2012

MAYO 2012

 EL LUCERO 
Pensamiento Nacional 
 
La Representación Abstracta: su crisis y agonía

            Es evidente que la actual estructura institucional de la República Argentina no alcanza para comprender, y menos aún solucionar, las diversas y complejas urdimbres de intereses que existen en la sociedad, si bien es cierto muchas veces éstos intereses son espurios, creados y hasta falsos, los hay aquéllos que son contundentemente genuinos y dignos de atención.
            La institución mas representativa de nuestra historia ha sido el Cabildo, en él “ a diferencia con lo que sucede en nuestros parlamentos, los habitantes tenían una presencia efectiva; allí estaba toda la comunidad presente ocupando auténtico sitial, desde los vecinos más ilustres, hasta los delegados de los órganos profesionales.  El Cabildo dio dos cosas fundamentales a nuestra Patria.  En la armonización paciente de intereses contrapuestos, preservó durante casi un cuarto de milenio la Paz Social y el Orden Interno….Así, pues el 25 de mayo de 1810, fecha liminar de nuestra historia, se lo deberemos también al Cabildo.   Pero atención, no se trata aquí de una edición argentina del movimiento jacobino, ni de una asonada liberal; por el contrario, el espíritu tradicional del Cabildo podrá encauzar el movimiento revolucionario hacia un acto de preservación de nuestra cultura, evitando que el movimiento  Borbón, y su secuela bonapartista, que arrastraba a España también destrozara a estas tierras: Reserva Viva de la Cristiandad” (“Los ciclos de la decadencia argentina” de Marcos Ghio, citado en “Nuestro Ser Nacional en Peligro” – Federico Ibarguren – Ed. Vieja Guardia, Buenos Aires 1987).  Las funciones del Cabildo eran bastante amplias: *Judicial; * Lo que hoy denominaríamos “poder de policía”; * Militares; * Edilicias; * Asistencia social; * Instrucción primaria; * Policía de seguridad; * Participación en el gobierno provincial, incluso en caso de vacancia del cargo de gobernador asumía el poder como “Cabildo-Gobernador” (“Del Municipio indiano a la provincia argentina”, José Maria Rosa – Ed. Peña Lillo Editor S.R.L. – 2° edición,  Buenos Aires 1974).
            La constitución nacional, que es la máxima expresión jurídico político, ha tenido en otras épocas diferente composición , para, por ejemplo, el Senado de la Nación.  En la Constitución de 1819, rechazada ampliamente por los pueblos del interior, no obstante en ella el senado estaba integrado en forma diferente y hasta curiosa para nuestros días:
 Art. 10: Formarán el Senado los Senadores de Provincia, cuyo número será igual al de las Provincias; tres senadores militares, cuya graduación no baje de Coronel Mayor; un Obispo, y tres Eclesiásticos; un Senador por cada Universidad; y el Director de Estado, concluido el tiempo de su Gobierno”; cabe aclarar que en esa época el grado de “Coronel Mayor” equivale al actual grado de General y  el “Director de Estado” era el titular del Poder Ejecutivo de la Nación en esa constitución.
En la obra “La Reforma Constitucional” (Ed. Valerio Abeledo – Buenos Aires 1948) del  Dr. Carlos Ibarguren, ideó un senado en el art. 66 “compuesto de dos senadores de cada provincia que la representan como entidades políticas de la organización federal de la Nación, elegidos por sus Legislaturas a pluralidad de sufragios.  Además estará integrado por treinta miembros en la proporción siguiente: doce representantes de las fuerzas organizadas del trabajo nacional; doce por las organizaciones agropecuarias, industriales y comerciales, y seis por las Academias y Universidades Nacionales.  Esta representación de las fuerzas sociales y culturales y su forma de elección, será reglamentada por la ley.”
            Si en el pasado hemos tenido instituciones complejas pero sencillas para sociedades mas modestas (en el sentido de disponer de menos medios que la sociedad actual) ¿cómo es que ahora se han invertido los términos? En esos años las instituciones iban por delante de las sociedades, encauzando justamente sus cambios y necesidades que iban surgiendo, dotando de sustancia y sentido a lo formal, siendo uno el reflejo de lo otro; no como ahora que la sociedad, mezclando auténticas razones e inquietudes con pasiones desbordadas y peticiones gregarias se vuelca a las calles enferma de ira, llevándose puesto todo, incluso a esas instituciones que supuestamente están a su servicio.
            Ese antiguo  modelo institucional basaba su eficacia  en que era estructurado en elementos y condiciones objetivas, reales y naturales; no es casual que el caos en la Argentina del siglo XIX haya tenido en la supresión de los Cabildos uno de sus factores, pues se implantó un sistema  que era ajeno a nuestras tradiciones y costumbres, lo perjudicial es que algunas características del anterior sistema se mantenían  y mantienen a la fecha, como por ejemplo, el centralismo político y administrativo, un poder ejecutivo hegemónico, etc, pero sin el contrapeso del Cabildo, reemplazado por cargos y funciones que son sólo formales porque en los hechos ni siquiera cumplen con sus deberes como debieran.
            No se trata de calificar en forma extrema como “perfecto” al Cabildo y “calamitoso” al parlamento; sólo que contando una sociedad con instituciones erigidas en orden al Bien Común de la Nación en sentido amplio  podrá vivir en Paz Social y no como un mecanismo aceitado de acrecentar y conservar el poder detentado por una minoría parasitaria.  Es decir, las desviaciones y abusos del poder y sus consecuentes conflictos son mas “difíciles” si todos los sectores de la comunidad se hallan bien representados, ya que participan de las decisiones quienes en gran parte sufrirán o gozarán de sus consecuencias, y no que un citadino vanidoso decida sobre el trabajo del labrador o sobre el fruto del obrero sin ninguna experiencia ni conexión con dichas actividades.  Claro está, que si en teoría tendríamos un gobierno “perfecto” cualquier modelo funciona.  Aristóteles en su “Política”, al tratar sobre la relación entre la ley y el gobierno, nos dice: “ Sólo diré que las leyes son de toda necesidad lo que son los gobiernos: malas o buenas, justas o inicuas, según que ellos son lo uno o lo otro.  Por lo menos, es de toda evidencia que las leyes deben hacer relación al Estado, y una vez admitido esto, no es menos evidente que las leyes son necesariamente buenas en los gobiernos puros y viciosas en los gobiernos corruptos.”
            En el perfeccionamiento de nuestras instituciones, algo realmente necesario, se debe tener en cuenta lo antedicho, pues en lo que a nuestra historia reciente respecta, la pretendida representación de los ciudadanos ha dado muestras ya de agotamiento producto de una creciente debilidad, con esquemas anquilosados y estructuras teóricas que funcionan en el papel ha resultado lo que sabiamente expresaba el estagirita “de un bien falso, un mal verdadero”(ob. cit.).  La tan mentada “reforma política”, mitificada, usufrutuada mas nunca realizada, deberá revisar como mínimo, la composición de las cámaras y la integración de los municipios, de modo que cada sector de la sociedad esté en los hechos representado como tal y participe en las decisiones que lo afectarán o lo beneficiarán.

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