Ellos nos conducen

Ellos nos conducen
El Libertador y el Restaurador

martes, 23 de diciembre de 2014

FEDERALISMO Y AMERICANISMO

EL      LUCERO
Pensamiento Nacional

FELIPE VARELA Y JUAN MANUEL DE ROSAS: FEDERALISMO Y AMERICANISMO

 

            Cierta corriente del revisionismo histórico confrontó a los caudillos riojanos con el Restaurador General Don Juan Manuel de Rosas, las mismas sólo son versiones sesgadas  fundadas en un localismo mal entendido, además de no comprender el contexto histórico en el que se desenvolvieron los acontecimientos.  Ello sucedió con Facundo Quiroga, Angel Vicente “Chacho” Peñaloza, pero especialmente es en Felipe Varela donde se puede apreciar las coincidencias e ideales comunes entre éste y Juan Manuel.  El General Felipe Varela, que puede ser considerado como el último caudillo, de esta zona del país por lo menos, reúne en sí, cualidades de sus predecesores, es decir, el Federalismo, del cual Facundo fue uno de sus máximos referentes junto a Artigas, y luego el Chacho Peñaloza; y el Americanismo, que Varela defendió tanto en sus proclamas como en los campos de batalla.   La tenaz resistencia del interior a la Guerra al Paraguay (Triple Alianza) reconocería en el caudillo nacido en Huaycama su mas férreo enemigo; mientras Don Juan Manuel desde Southampton no ocultaría su adhesión al Paraguay de Solano López como mas adelante veremos.

            La primer Triple Alianza que atacó a la Patria, se gestó en el “pronunciamiento” del General Justo José de Urquiza del 1 de mayo de 1851 incluyó la firma de un Tratado entre las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Uruguay y Brasil, con el solo objetivo de derrocar al Restaurador General Don Juan Manuel de Rosas y estatizando la deuda que por dicho tratado se asumía, lo que desembocaría en la batalla de Caseros (3 de febrero de 1852) combatiendo el “Ejército Grande” de Urquiza (compuesto por tropas entrerrianas-correntinas,  del Imperio del Brasil - con 3.000 mercenarios europeos a sus órdenes- y uruguayas) contra el Ejército Federal Argentino integrado por valientes y patriotas. 

            Una íntima vinculación existe entre el Pronunciamiento de Urquiza y el Tratado de la Triple Alianza de 1865 (además que da la casualidad que ambos comparten la fecha: el 1 de mayo), y por lo tanto, la segunda de su tipo, pues persiguieron el mismo objetivo y sus actores son los mismos, además de mediar cercanía cronológica.  Detrás de la expansión del Imperio del Brasil encontramos a Ireneo Evangelista de Souza, Barón de Mauá, titular de la casa “Carruthers y Cía.”, que era propiedad del comerciante inglés Richard Carruthers, la misma que a su vez estaba ligada a Rothschild (la misma banca que financió la Revolución Rusa de 1917), posteriormente se fundaría el Banco Mauá con agencias en todo el Imperio y filiales en Nueva York, Londres, Manchester, Montevideo, Rosario y Buenos Aires.  No es posible entender la raíz de esta cuestión si se desconoce la actuación y la decisiva gravitación de este personaje, ya que en sus bolsillos se halla la causa de la hegemonía del Imperio del Brasil en la cuenca del Plata (Argentina, Uruguay y Paraguay), desde Caseros a Cerro Corá, desde 1852 hasta 1870; de más está decir que dicha hegemonía implicó simétricamente la ruina de Argentina, Uruguay y Paraguay, y cuyas consecuencias  se pueden apreciar hasta el día de hoy.   Fue Ireneo de Souza el que contribuyó con el dinero que Pedro II (emperador del Brasil) pagó al General Justo José de Urquiza para que surja en él la “preocupación” y desvelo por una constitución escrita.   Brasil veía en la Confederación Argentina gobernada por el Restaurador Gral. Don Juan Manuel de Rosas su mas peligroso rival en la política sudamericana; en realidad los verdaderos actores que querían destruir a esa Digna y Próspera Argentina era Gran Bretaña ( ENEMIGO eterno de la Nación Argentina), que como no pudo prevalecer por la armas en el Combate de Vuelta de Obligado (20 de noviembre de 1845, cuando invadió nuestros ríos interiores junto con Francia  aplicándonos simultáneamente un feroz bloqueo), lo hizo luego, a través de sus esbirros financieros (Rothschild), y utilizando al Imperio del Brasil como vehículo de sus intereses.

            Una vez reducida la Confederación Argentina a un reducto de anarquía, el Imperio y su banquero ocupan de nuevo a sus mas fieles servidores, Justo José de Urquiza y a Bartolomé Mitre.  Esta vez el enemigo era el Paraguay del Mariscal Francisco Solano López, que gobernaba a la única Patria independiente y pujante de estas latitudes.   En efecto intervienen nuevamente el oro inglés, pero acuñado en portugués, para que Urquiza haga sus negocios y Mitre aliste a su Ejército con “voluntarios” traídos con cadenas desde el interior; en ese contexto se producen los levantamientos de las montoneras, conducidas por el Chacho Peñaloza y Felipe Varela, éste último protagonizaría la penúltima batalla (Pozo de Vargas, 10 de abril de 1867) de su cruzada americanista y federal, luego vendría la toma de Salta (octubre de 1867) y su último revés en Pastos Grandes el 12 de enero de 1869.

            Fue lamentable el desencuentro histórico y político entre el Gral. Felipe Varela y el Restaurador Gral. Juan Manuel de Rosas que “no quiso reconocer las segregaciones de las antiguas provincias argentinas, de Montevideo, del Paraguay, de Bolivia” y “tendió a la reconstrucción de la nacionalidad argentina, dentro del molde histórico del Virreynato” (“La época de Rosas”—Ernesto Quesada citado en “Nuestro Ser Nacional en peligro”, Federico Ibarguren), ello demuestra “su empecinamiento por una América latina grande, gigante, inexpugnable.  No la soñó por porteñismo, por vanidad de estanciero rico, sino que la buscó para el bien de todos.  No aceptó el paraguayismo, ni el uruguayismo, ni el bolivianismo….ni tampoco el argentinismo.  Se sintió americano.  Habló en americano.  Soñó con América como unidad, sin privilegios, sin humillaciones.  No quiso derramar sangre, sino que buscó la unión natural de los pueblos.  Si luchó, es porque las fuerzas imperialistas se propusieron la guerra.  No se hacía ilusiones de los frutos conquistados por aquéllos generales especializados en derrotas, por los ideólogos instruidos en el crimen, por los economistas doctorados en la entrega, como para pretender la solidaridad de las provincias maltratadas.” (“Cartas a un joven rosista”, pág. 203, Elías Giménez Vega – Luis Lasserre y Cia. S.A. Editores – Buenos Aires 1970.).  Ahora bien, veamos la Proclama del Quijote de los Andes: “¡Argentinos! El pabellón de mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre, ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuty, Curuzú y Curupayty. Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en más de cien millones y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda lagrimeando juró respetarla. 

 Tal es el odio que aquellos fratricidas porteños tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y asesinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos, Irrazával y otros varios dignos de Mitre.

 ¡Basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón, sin conciencia! ¡Cincuenta mil víctimas inmoladas sin causa justificable dan testimonio flagrante de la triste e insoportable situación que atravesamos y que es tiempo de contener! 

 ¡Abajo los infractores de la ley! ¡Abajo los traidores de la Patria! ¡Abajo los mercaderes de las cruces de Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre argentina y oriental! 

 Nuestro programa es la práctica estricta de la constitución jurada, del orden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás repúblicas americanas. 

 ¡Compatriotas nacionalistas! El campo de la lid nos mostrará el enemigo. Allí los invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo”. FELIPE VARELA (“La Guerra del Paraguay y las montoneras argentinas”, José Maria Rosa, pág 261—Peña Lillo Editor).

Se puede apreciar como ambos, Rosas y Varela, expresaron el Americanismo, que en realidad es un Federalismo continental como también lo pregonara El Gral. José Gervacio Artigas, llamado también el “Protector de los Pueblos Libres”.  El enfrentamiento entre unitarios y federales, hizo que Varela, también como el Chacho, luchara en la Coalición del Norte (1840-41), una artimaña mas, del unitarismo; organizada por la “Comisión argentina” (unitarios emigrados de Montevideo), financiada por los franceses y liderada por Lavalle, el fusilador de Dorrego.  Seguramente Varela y el Chacho, actuaron de buena fe, su error fue la ingenuidad, ingenuidad que lo haría tropezar nuevamente al primero al esperar que Urquiza se revelase contra Mitre cuando la guerra al Paraguay.  

Tanto Rosas como Solano López eran sinónimo de Soberanía Nacional, fueron combatidos por los mismos, los que pretendían que en vez de Patrias en Sudamérica, haya países desangrados, hundidos en la miseria y aturdidos de utopías.  La afinidad entre ambos queda patentizada en el testamento de Don Juan Manuel, disponiendo el 17 de febrero de 1869: “Su Excelencia el Generalísimo Capitán Gral. Don José de San Martín me honró con la siguiente manda: “La espada que me acompañó en toda la guerra de la independencia será entregada al General Rosas por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de la Patria”.  Y yo, Juan Manuel de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a su Excelencia el Señor gran Mariscal, Presidente de la República del Paraguay y Generalísimo de sus ejércitos, la espada diplomática y militar que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos, por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido los derechos de su Patria”. (“Alianza para la muerte”, pág. 95, Vidal Mario – Resistencia, Chaco 2005); es decir, Felipe Varela alzó en armas al interior en contra de la guerra al Mariscal López, y Rosas lo reconoció como digno continuador de la gesta libertadora.

Con eso quedó todo dicho, hubo y HAY una línea LIBERTADORA que es San Martín-Juan Manuel de Rosas-Francisco Solano López, el mismo sable para una misma Causa.  

 

 

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

1974 -- 40° ANIVERSARIO DE UN HITO: LA INSTALACIÓN DEL GOBIERNO NACIONAL EN LA ANTÁRTIDA ARGENTINA -- 2014

 
EL  LUCERO
 
Pensamiento Nacional
 
 
El 10 de diciembre de 1974 la Señora Presidente de la Nación Doña María Estela Martínez de Perón hizo una demostración de inquebrantable afirmación de decisión y soberanía al instalar por un día en la Base Aérea Vicecomodoro Marambio el Gobierno Nacional.  Este acto es una prueba de la irrenunciable afirmación del derecho antártico sobre 965.314 km2 de superficie continental y 4.159 km2 de superficie insular. 
Expresó la Señora Presidente: “También es mi permanente deseo como Presidente de la Nación y con la presencia de altas autoridades del Gobierno y de las Fuerzas Armadas que me acompañan, dejar nuevo y fehaciente testimonio ante el mundo, de la indoblegable voluntad nacional de ejercer la soberanía sobre el sector antártico, que la República Argentina proclama y reivindica como de su legítima pertenencia, fundamentada en incuestionables derechos”
Mas allá de cualquier opinión que se tenga sobre el gobierno de la Señora María Estela Martínez de Perón, de ese gesto de indudable afirmación soberana nos beneficiaremos como Nación, ya que fue la UNICA Jefe de Estado en pisar la Antártida; y los argentinos debemos comprender de una vez y para siempre que la Patria se prolonga desde la Quiaca hasta el Polo Sur y desde los Andes hasta Grytviken (Islas Georgias).  
            Cabe destacar, que durante el Virreynato del Rio de la Plata, tanto la Antártida argentina como también las islas Malvinas integraban la Gobernación-Intendencia de Buenos Aires; luego de la Revolución de Mayo de 1810, ya durante los gobiernos patrios, el 10 de junio de 1829 el gobierno de Buenos Aires dicta el Decreto de creación de la Comandancia Política y Militar de las Islas Malvinas, el cual expresa: “Cuando por la gloriosa revolución de 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la dominación de la Metrópoli, la España tenía una posesión material de las Islas Malvinas y de todas las demás que rodean el cabo de Hornos, incluso las que se conoce bajo la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión por el derecho de primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa, y por la adyacencia de estas islas al continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires, de cuyo gobierno dependían.  Por esta razón habiendo entrado el Gobierno de la República en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua Metrópoli y de que gozaban sus virreyes ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas; a pesar de que las circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la República la atención y cuidados que su importancia exige.
Pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que puedan poner a cubierto los derechos de la República haciéndole al mismo tiempo gozar de las ventajas que pueden dar los productos de aquellas islas y asegurando la protección debida a su población, el Gobierno ha acordado y decreta:
Artículo 1°: Las islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos en el mar Atlántico serán regidas por un comandante político y militar nombrado inmediatamente por el Gobierno de la República.
Artículo 2°: La residencia del comandante político y militar será en la isla de la Soledad y en ella se establecerá una batería bajo el pabellón de la República.
Artículo 3°: El comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas, las leyes de la República y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios.
Articulo 4°: Comuníquese y publíquese.
 
Firmado: Martín Rodríguez, Salvador M. del Carril”. (“Las islas Malvinas, Soberanía Argentina – Antecedentes – Gestiones Diplomáticas”, Ezequiel Federico Pereyra – Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires 1969).  Si bien el decreto se refería a las Malvinas y a otras islas del Atlántico Sur, también afianzaba la Soberanía argentina y su efectiva ocupación en la zona austral y polar, por pertenecer dichas islas y la Antártida a la misma área geopolítica.
Mediante ley  23.775/90, el otrora Territorio Nacional se convirtió en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e islas del Atlántico Sur, la provincia mas importante, y mas estratégica, y también, la mas despoblada del País.