Ellos nos conducen

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El Libertador y el Restaurador

martes, 31 de marzo de 2015

EL LUCERO 10° ANIVERSARIO (2005 -- MARZO -- 2015)


EL      LUCERO

Pensamiento Nacional

*** 2005 -- 10 ° Aniversario -- 2015***


EL PENSAMIENTO NACIONAL

            La formación de un sólido Pensamiento Nacional es una misión fundamental para lograr la Unión Nacional; no es tan complicada como puede parecer, lo que es seguro que no podría nunca surgir de algún rincón burocrático de un gobierno, pues lo Nacional abarca mucho mas que un gobierno o un partido político.

            La Nación desde sus orígenes se ha identificado con la Fe Católica Apostólica y Romana, lo demuestran los nombres de las primeras ciudades fundadas en nuestro suelo, el fervor religioso de nuestros próceres que ha nutrido espiritualmente la gesta libertadora y ha acompañado a nuestros caudillos en su lucha contra el despotismo extranjerizante (bandera “Religión o Muerte” de Facundo Quiroga), obviamente no puede faltar, porque una Nación tiene alma y a Dios Nuestro Señor se debe encomendar.

            Para tener una idea acerca de la orientación política del Pensamiento Nacional, será imprescindible tomar como referencia a los prohombres de la Patria cuyo legado histórico llega hasta nuestros días y del cual somos sus depositarios.  Ellos son el Gral. Don José de San Martín (Padre de la Patria), el Gral. Manuel Belgrano (creador de la Bandera Nacional), y el Restaurador Gral. Don Juan Manuel de Rosas (férreo defensor de nuestra Soberanía Nacional), su obra su ejemplo y sus doctrinas que pueden interpretarse a través de sus escritos y correspondencia epistolar, son el basamento del Pensamiento Nacional.

            Para remediar la multitud de males que afligen a nuestra Patria, es imperioso pensar y analizar el País en forma objetiva y subjetiva a la vez; objetiva, pues implica llegar a la solución y/o conclusión mas apropiada a un problema concreto, despojados de atavismos, prejuicios, ideologías, etc, es decir, todo aquello que por vanidad, orgullo o gregarismo impide atacar a las causas de los acuciantes problemas de la realidad nacional de la manera mas eficiente posible; y es subjetiva, pues esa solución antedicha debe ser la mas favorable al Pueblo de la Nación Argentina, incluso por encima del gobierno que circunstancialmente ocupe el poder, o por sobre todo otro grupo de influencia de cualquier clase.

            El Pensamiento Nacional posee matices, pero no significa que por ello no posea unidad ni unicidad, puede comprender una serie de variables, que serán aceptables en tanto y en cuanto se ajusten al objetivo: una Argentina socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.   Como producto del intelecto, abarca todas las realizaciones literarias, periodísticas, artísticas, académicas, técnicas y científicas que cumplan con el objetivo antedicho, y que aporten al desarrollo nacional en concreto.

Contiene los siguientes elementos:

ELEMENTO POLÍTICO:   

Lograr la supervivencia de la Nación Argentina como entidad políticamente soberana frente al orbe.  Tender a la máxima eficiencia en el trazado de las políticas públicas y de estado.

ELEMENTO CULTURAL:

Su función será la conformación de una auténtica CONCIENCIA NACIONAL, es decir, poseer la profunda convicción de defender el interés nacional de modo tal que cada individuo, grupo, empresa, gremio, sindicato, etc, se sienta conminado íntimamente a ser leal a su Patria y a su Bandera.

ELEMENTO SOCIO-ECONÓMICO:

El Estado no puede renunciar a su rol económico, pues la economía es una cuestión muy delicada para abandonarla exclusivamente en manos privadas, mediante la adecuada representación política y económica, corporaciones y sindicatos deberán participar proporcionalmente en el trazado de las políticas que sean de su incumbencia.

ELEMENTO HISTÓRICO:   

Consiste en conocer e interpretar los hechos pasados, puesto que el presente es una consecuencia de aquél, y el futuro, por lo tanto, dependerá de lo que hagamos hoy;  desde nuestro nacimiento a la vida independiente hasta 1852 (caída de Rosas) se forjó la génesis de la identidad argentina, en la persona del gaucho se encarnó el alma nacional, toda su vida, su desgracia y diversión eran auténticamente nacionales.  Luego del acontecimiento histórico señalado, y al “abrírsele” las puertas del poder político a quienes (los unitarios) habían sido derrotados cultural, política y militarmente, se aprecia una paulatina negación del gaucho y todo lo que a él se refería.  Pues esa lucha por la desnacionalización que había comenzado Sarmiento con su “Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas” hace eclosión en las décadas del 60 y 70 del siglo XIX, décadas en las que la Argentina se desangró en la “guerra de policía” ordenada por el presidente Mitre y ejecutada por aquél contra los últimos levantamientos de las montoneras conducidas por Felipe Varela, quien reúne en si mismo la fusión del Federalismo de los caudillos del interior y el Americanismo al enfrentarse a la nefasta guerra de la Triple Alianza (1865-70) contra nuestros hermanos paraguayos.  La agresión al gaucho era la agresión a la Patria, si bien como actor social ya estuvo presente en la guerra de la Independencia, es durante los gobiernos de Rosas (1829-32 y 1835-52) donde el gaucho es el principal protagonista de la historia argentina.  El gaucho como soldado y como general, como estanciero y como peón, como comerciante y como gobernante.  El mismísimo Restaurador Juan Manuel de Rosas reunía en su persona todas esas condiciones antedichas, al atacarlo se atacaba al gaucho; cuando la Patria fue gobernada por el gaucho fue Digna, Próspera y Soberana; al ser usurpado el gobierno por los unitarios extranjerizantes, el gaucho fue perseguido y desalojado de todos los ámbitos en los que podía demostrar su valía, y sólo servía para mandarlo a morir a las guerras absurdas de Mitre o a terminar sus días en los fortines, por eso diría Martín Fierro “el gaucho en esta tierra sólo sirve pa´votar”, y justamente esa situación motivó la sana reacción del genial José Hernández cuando escribió esa lúcida obra.

            La historiografía liberal que dispuso de todos los medios de su época: poder político, prensa y literatura, no pudo sostener su venenosa, mendaz y fraudulenta versión de la vida argentina, muriendo con sus autores; es por ello, el gran aporte del revisionismo histórico, bien entendido, a la IDENTIDAD NACIONAL, hoy ya nadie discute que el gaucho es el arquetipo de la Argentina Tradicional.

ELEMENTO ESTATAL

Este elemento consiste en que se debe institucionalizar el Pensamiento Nacional; el Estado Nacional fue atacado desde los inicios al suprimirse el Cabildo, para comenzar con la malhadada costumbre de copiar instituciones anglosajonas y liberales que sólo traían mas trastornos a estas ya agitadas tierras.  Era en el Cabildo donde “los  habitantes tenían una presencia efectiva; allí estaba toda la comunidad presente ocupando auténtico sitial, desde los vecinos mas ilustres, hasta los delegados de los órganos profesionales.  El CABILDO dio dos cosas fundamentales a nuestra Patria.  En la armonización paciente de intereses contrapuestos, preservó durante casi un cuarto de milenio la Paz Social y el Orden Interno.” (“Nuestro Ser Nacional en peligro”, Federico Ibarguren – Ed. Vieja Guardia – Bs. As. 1987).

Con la “fiebre constitucionalista” de los fanáticos del “cuadernito”, pícaros y agentes foráneos a los que podríamos agrupar como “urquicistas” (por ser el Gral. Urquiza quien inició la tragedia argentina a partir de Caseros en 1852), quienes moldearon la desgracia argentina y echaron los cimientos de problemas muy conocidos por nosotros: estatización de deudas, renuncia de soberanía y miseria abundante, quienes tendrían sucesores que bajo la línea “Mayo-Caseros” perfeccionarían la destrucción de la Argentina, allí donde mas duele.

Sucedió algo similar al Cabildo, con la constitución de 1949, la Argentina de ese entonces poseía como nunca antes, una Constitución que se adaptaba a su identidad (y no al revés), a sus intereses nacionales y a su Pueblo y que constaba con el feliz agregado en la penúltima parte del preámbulo: “…ratificando la irrevocable decisión de constituir una Nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana…”.

No es casualidad, que en los ejemplos citados, el Cabildo y la Constitución del ´49, hayan sido suprimidos por gobiernos despóticos, agentes al servicio de órdenes foráneas, como Rivadavia en el primer caso (decreto del 23/12/1821) y en el segundo caso, el Gral. Aramburu mediante su decreto del 27/04/1956.

Es por ello que el Pensamiento Nacional debe contribuir a nutrir filosóficamente la estructura representativa del Estado a los fines que sea eficaz para instrumentar la Soberanía Nacional y la prosecución del Bien Común; de la misma manera que el pseudo-principio de “nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del estado” sirvió como directiva para la bochornosa enajenación del Patrimonio Nacional, se le debe oponer el principio LA PATRIA EN TODO, Y TODO EN LA PATRIA.

 

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